Reportaje

Black Mirror… o el retorno de Orson Welles

«15 millions merits» y una crítica al sistema de trabajo y control ciber-espectacularizado

En el segundo episodio de la primera temporada de la serie televisiva antológica británica de ciencia ficción distópica creada por Charlie Brooker y producida por Zeppotron, el protagonista Bing Madsen ha conseguido poco más de 15 millones de méritos a raíz de la muerte de su hermano y, como no sabe qué hacer con tanto, los destina a la mujer de la que se enamora, Abi, quien posee un talento no tan sin igual para el canto.

Abi participa de un show talent televisivo, pero es finalmente seleccionada como estrella de pornografía. El protagonista, tras mucho trabajo consigue reunir nuevamente los méritos suficientes para presentarse él mismo al talent show y, una vez en él, amenaza con suicidarse en directo tras un monólogo de denuncia social. A cambio, le ofrecen su propio programa de televisión, el cual acepta

Un resumen sin Alert Spoiler del episodio, que nos lleva al análisis de lo más sustantivo.

Escenas del episodio «15 millions merits» de Black Mirror

La trama se centra en una sociedad deshumanizada y engañada por los medios de comunicación; una arquitectura social construida para disponer de un sistema de producción por el que la vida se torna sencilla: cada empleado de la gran máquina debe pedalear para producir la electricidad que sostiene el propio modelo espectacularizado de consumo mediático

Es así que en la sociedad del espectáculo se incrusta un sistema de estratificación por castas que define el mayor estatus social para aquellos seleccionados en el show talent, sumergiendo en un modo de vida por todo y con todo esclavizante a meros prosumidores que dejan sus vidas en la bicicleta.

El imperativo de la deuda

No hay más sentido en la vida que el de acumular deuda como imperativo que determina la capacidad de extender el consumo de una cultura absolutamente mediatizada por interfaces de pantalla, y para acceder a la deuda no hay más que trabajar. La individualización es rigurosa y estricta. Cada uno a lo suyo. Sólo se duerme, se come, pedalea, se goza y se consume, a más no ser, «debes, luego existe» se transforma en el equivalente hermano de otra máxima «consumo, luego soy».

El control de los cuerpos

El cuerpo del trabajador es dispuesto en torno a un esquema de cuidado en su dieta, con gurúes que hacen lo suyo para mejorar el sueño y, sin grandes lujos, la maquinaria de la vida se sucede en el transcurrir de los trabajos y de los días.

Un esquema foucaultiano de disciplinamiento social que se centra en la porno-imagen como imperativo de consumo y deuda, en el goce continuo como mandato que instituye invisibles esquemas de sometimiento.

Pocas veces los trabajadores se relacionan, pocas son también las veces en las que experimentan la existencia de un mundo más allá de la matrix.

La sexualización del cuerpo de la mujer reducido a producto, como lo es el caso de Abi, la banalización de la existencia sumida en el pleno control de la necesidad y el deseo hacen ver el modo en que la cibernética contribuye a generar un mundo espectacularizado en el que «libertad» sólo es un término que retumba en la memoria de quienes alguna vez se tomaron el atrevimiento de romper las pantallas.

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